27/11/12

El dibujo de la mariposa


El chofer, con suficiente experiencia en carreteras, había tomado una combinación de café, Coca Cola y aspirinas que estaban a punto de hacer estallar su cabeza.
Conducía con rumbo al D.F.
Alcanzó a ver las luces de un traíler con rumbo contrario reflejadas en los signos de curva peligrosa.
Por el retrovisor vio a una niña, de unos 6 años por su altura con un papel cortado en las manos, cuando sus ojos regresaron a a la carretera, sólo alcanzó a girar el volante de forma brusca para evitar el trailer, que estaba en su carril a no más de 5 metros. El conductor parecía dormido. El camión se tornó de lado y comenzó a dar vueltas sobre si mismo, hasta que chocó la parte de atrás con el trailer y se detuvo, acostado y de forma vertical, en el carril contrario de la carretera.


Llegó agitado, después de tanto correr. Compró 1 boleto de ida a la capital.. cuando lo tuvo se sentó.
El camión salía a las 10 de la noche: tenía 2 horas libres.
Usó 20 de los 2 mil pesos que le robó a su papá, que ahora eran 1780, para comprar galletas y algo de tomar.
Sacó su cuaderno de dibujo, pero como sospechó cuando se imaginó dibujando otra vez después de su hazaña, no pudo.
Penetraba  su mente el posible escenario que se estaría desarrollando en su casa. Su padre habría llegado, habría notado que no estaba y se habría sentado en su escritorio, a organizar su aburrida papelería de contador.
Pronto se daría cuenta de que Andrés no llegaba. Lo llamaría a su celular y después de 6 intentos, lo encontraría tirado en su habitación, con 9 llamadas perdidas (6 suyas).
Luego de llamar a sus amigos y de comprobar que no estaba en casa de ninguno, revisaría su caja,. Aquella donde guardaba dinero de emergencia, un anillo de bodas, una carta de sus padres y una foto de su ex esposa. De los 20,000 pesos quedaban 18,000. Lo demás estaba revuelto, pero estaba.
Su desesperación fue tanta que a penas se dio un segundo para odiar a su hijo por robarle.
Pasaría horas buscando en la calle, en la escuela, en casa de sus amigos, en su oficina.
Regresaría a casa a las 12, hora para la cual Andrés ya estaría lejos. Sólo entonces encontraría la carta. Leyó:

"Tal vez ya notaste que me marcho. Si no, es el motivo de esta carta.
No puedo seguir viviendo en este pueblo olvidado por Dios, aquí no tengo oportunidad de llegar tan lejos cómo quiero. Iré a la capital, no sé como pagaré mis cosas, ya me las arreglaré. Tomé 2,000 pesos de tu caja, si puedo te los pago.

Tienes que dejar de trabajar y olvidar a mamá. Te quiero.
Andrés".

Catatónico, Andrés calló en el sofá, perdiendo por fin las fuerzas que nadie sabe de donde había sacado.
Sólo consideraba la idea de suicidio (otra vez, la primera luego de la muerte de su esposa).


-Joven, el camión está a punto de salir.
Andrés despertó con sobresalto,  agradeció al señor que amablemente lo había despertado; tiró la lata y la envoltura.
Subió al camión, ya estaba casi lleno, se sentó en la penúltima fila, al lado de una señora de 45años, con un semblante que no inspiraba conversación.
Logró cambiarse a la ventana cuando la señora se levantó al baño a vomitar, cuando regresó curiosamente no protestó el cambio. Sólo atinó a imaginar aquel paisaje un par de horas antes (más bien, después) que recorrían a más de 80 km/h en promedio; debía ser mucho más hermosos de día.
Era la segunda vez que viajaba, a los 5 años había conocido con su madre la playa. Fue la última vez en el mar, de ambos. 2 años después su madre murió de cáncer en los senos.
A él no le afectó tanto, o al menos los superó hace tiempo. Pero su padre vivía aflijido desde entonces. Durante esos 10 años nunca dejó el estrés, la depresión, el llanto; nunca apoyó a su hijo si este lo necesitaba.
A la 1 de la mañana, cuando terminó su décimo dibujo, abrió la ventana para comprobar el frío terrible, antes de poder cerrarla se acercó una niña, de unos 6 años por su estatura, a regalarle un dulce. Se hubiera sentido más especial si no los regalara a todos los pasajeros. Aún así decidió darle el dibujo de la mariposa que había dibujado. Lo sacó, lo miró un momento y prefirió cortarlo a la mitad; porque la parte derecha era espantosa comparada con la izquierda, porque a veces hay que quitarle a las cosas sus partes feas, aunque queden a la mitad. Ojalá pudiera hacer lo mismo con la vida. Se lo entregó y recordó a su madre en la sonrisa que le provocó el regalo a  la niña.


Había 52 personas en el camión, más el conductor del trailer. Sólo este último sobrevivió al recién ocurrido accidente.
Bajó tambaleándose de la borrachera, vio de cerca el accidente que acababa de provocar y regresó corriendo al trailer para huir; no sin antes pisar la mitad fea del dibujo de una mariposa.

9/10/12

El escritor



Él estaba sentado, recostado contra un árbol, sintió una brisa en el rostro y decidió besarla.
Ella, tan delicada y suave como siempre, tomó su cuello, respondió al beso con un leve mordisco y una sonrisa.

Estaba a punto de atardecer, el parque estaba vacío, excepto por un joven jugando frisbee con su perro, y ellos.
Había hojas tiradas por todas partes, no se podía dar un paso sin romper alguna. A él le gustaba recoger las que veía enteras, cuando eran de buen tamaño. Tenía en casa mínimo una hoja de cada otoño que había vivido.
El viento sopló, ella sintió frío y se lo comentó. Él la abrazó, pero ella, de la forma más amable que encontró, le comentó que no bastaba. Que quería regresar a casa. El se negó, y pensó en lo cómico de que la situación se resolviera con tan solo haber traído su saco.
Ella se levanto abruptamente, se agachó de nuevo para darle una cachetada y, gritando, le ordenó que se levantara y la acompañara a casa, que por una vez la dejara ser protagonista de la historia, que la dejara tomar decisiones.


Él, tranquilo y elocuente, respondió: “No te pongas altanera, recuerda que desapareces con solo pasar el borrador, mi amor”.

Se levantó, guardo el cuaderno y su bolígrafo.
Caminó solo a casa, con una sonrisa en el rostro por haber avanzado en su obra, como todas las tardes.

29/7/12

Monólogo sobre lo que pasa. (Guión teatral)


--Entra un hombre con traje y maletín. Se ve desalineado. La única escenografía es un banco de madera a la mitad del escenario. El hombre se sienta y comienza a hablar.--


Justo ahora todos ustedes se preguntarán quién soy yo. Si no se lo preguntan es porque conocen la respuesta, y si conocen la respuesta por favor díganmela, porque yo no la conozco.

Lo único que noto es que estoy sentado en la orilla. Bonita metáfora ¿no? Sentado en la orilla de la vida evidentemente, viendo el mundo pasar bajo mis pies y a veces pasando con él.

Viendo el tiempo transcurrir lentamente, viéndome caer como un grano de arena en el reloj de la vida, suavemente en su centro y de forma estruendosa al final.
Justo ahora no sé qué hago aquí frente a ustedes, ni sé tampoco de qué les tengo que hablar.

Ojalá alguien saliera de atrás y me ayudara.

Solo soy un alguien sentado a la orilla como ya les dije, sentado a la orilla como todos los demás, como ustedes justo ahora, viendo las cosas pasar, viendo como todo se mueve, sin atreverme a tocarlo, sin atreverme a cambiar su curso o velocidad.

Simplemente vemos pasar tranquilos, sentados en la orilla, o dejamos fluir con esa fuerza que quién sabe de dónde saca, lo dejamos fluir y fluimos con él, sin movernos; nos dejamos llevar con la corriente, avanzamos y avanzamos, no sabemos hacia dónde; casi acostados, con las manos en la nuca y los pies estirados, pero cruzados.

Con los ojos cerrados, respirando hondo, dejándonos llevar por la corriente, yendo, yendo y yendo, por siempre. Así debe comenzar esto, y así debe terminar, y así debe ser todo el transcurso, porque como se habrán dado cuenta parece que esto no trata de nada, parece que esto no lleva a ningún lado, simplemente pasa, simplemente fluye, con la corriente, y esto, si se fijan bien; si tocan la textura del marco, si observan con lupa el matiz del lienzo, se darán cuenta de que es un retrato de la vida; de que lo que pasa aquí es lo que pasa siempre y nunca deja de pasar: nada. 

13/6/12

La última estación del tren


Los tripulantes del tren de la vida disfrutan el camino, al calor de unas velas y a la brisa del viento: bailan, gritan y gozan;  saben que pronto llegarán a la última estación; aunque cuando llegan no se enteran, porque la última estación suele ser impaciente con la hora de llegada de los tripulantes, y se adelanta.

7/5/12

¿Curiosidad? ¿Por morir?



—Cuéntame. Qué fue lo que pasó.

— En realidad no fue algo tan grave. Sólo pasé por encima del barandal.

— "Sólo pasé por encima del barandal". Haces que parezca cualquier cosa. Estabas del otro lado del barandal, es cierto, en el balcón del restaurante de un hotel de 4 pisos. A punto de suicidarte. Apunto de estrellar tu frágil cuerpo contra el cemento del zócalo de la ciudad. Los demás clientes estaban histéricos y en el el piso se formó un tumulto que inútilmente gritaba que no te lanzaras. ¿No te parece grave?

— ¿Qué tanto anota en esa libreta, Doc?

     No me quería suicidar. Sé que eso parece. Pero no era así. Solo sentí curiosidad.

— ¿Curiosidad? ¿Por morir?

— Por morir, y por ver cómo reaccionaba la gente. Siempre cuando estoy en un lugar alto siento el impulso de lanzarme. Pero no son ganas de suicidio. No estoy triste o deprimido. No quiero acabar con ningún tormento en especial. No, es curiosidad. Sí, curiosidad. Solo eso.

— ¿Sabes? no te creo. Algo me dice que si les entrego un diagnóstico positivo de tu condición, diciendo que estás mentalmente adaptado y que no causarás más problemas a la sociedad, inevitablemente las causarás. Tengo el presentimiento de que si dejamos que salgas, regresarás muy pronto.

— Tal vez. El sistema no está diseñado para personas como yo.

— ¿Personas como tú? ¿Cómo son esas personas?

—Dicen que la capacidad de asombro y la curiosidad son instintos infantiles que nunca deberíamos perder.

—Seguro también por ahí dicen que suicidarse no es una buena idea.

—¿Qué hay después de la muerte, Doc? ¿Llegas al paraíso? ¿Tu alma se queda vagando en la tierra, por la eternidad? ¿Eso sólo pasa si tienes cuentas pendientes con el destino?

     El purgatorio, el infierno, fantasmas, vida eterna, renacer, reencarnar...En realidad la única forma de saberlo es morir, y a veces, la curiosidad me dicta que acelere el proceso, pero...¿Y si no hay nada después?

— Habrás desperdiciado una vida.

17/4/12

Algún ensayo sobre Godot a partir de "Riñón de cerdo para el desconsuelo".

Antes de que leas, te advierto: no hay nada escrito. 
Esto es un retrato de la vida, imagínalo como tal.





Hola, viniste. Pensé que no llegarías.
SI, lo sé. Se me hizo tarde. ¿Cómo va?
Igual, aún no pasa.
Me lo imaginaba. ¿Cuánto llevamos esperando?
Yo un rato, tú acabas de llegar.
No, me refiero a esto. Cuánto llevamos viniendo, y esperando.
No lo sé, nunca me lo había preguntado. Desde que tengo memoria. Creo. Tal vez antes.
Me parece que incluso previo a nacer.
¿Recuerdas haber nacido?
Ahora que lo dices no. ¿Y tú?
Estamos en las mismas.
Mira el reloj, ya casi es hora.
Sí, 2 para las doce. Tal vez por fin pase.
Por fin pase ¿Qué?
Pues eso, lo que tiene que pasar.
¿Qué es eso, por qué estamos aquí?
¡No lo sé! ¡Deja de preguntar! Estamos, y ya. No hay nada más. Nunca lo hubo.
Las doce en punto.

Doce uno, nada. Será mañana.
Nunca es mañana.


¿Y si nos lanzamos?
Podemos probar. Tú primero, si sobrevives me avisas y me lanzo yo.
¿Y si no? ¿Y si está muy profundo y no alcanzas a escucharme? No, no. No. Mejor juntos.
Bueno, juntos.
Ven conmigo a la orilla del barranco.
¿Espera, ves eso?
¿Eso qué?
Eso de ahí, ¿Lo ves?
No veo nada, solo hay un infinito negro. Sabes que no soy observador.
No, no lo sé. Apenas te conozco.
¿A las 3?

3. Gritaron al unísono.

¿Qué hacemos aquí? Yo sentí cómo caíamos 
Yo también, pero no nos movimos, ni un paso. ¿O sí, y caímos en el mismo lugar?
Tal vez.
¿Haz visto los dibujos de Escher? Fue algo como eso.
Deja de inventar, es imposible.
Sí, le llaman paradoja. Tal vez es lo que paso, nos tiramos por el barranco, pero el borde del barranco está también arriba de nosotros, en dos lugares a la vez, y cuando caímos, resultamos en el mismo lugar. ¿Entiendes?
Sí, comprendo, pero no me parece real.
No lo es. 
    Ya es tarde. Mañana te explico mejor. Ya me voy
¿A dónde?
No lo sé. Pero debo irme.
Está bien. Y mira, tal vez mañana suceda.
Sí, en realidad solo nos queda esperar.
Sí, solo eso. Esperar.

El segundo primer paso.

Cuando escribo, empiezo contando historias sobre niños, sobre amor, sobre deidades o cualquier cosa; pero algo hay en común, siempre tiene un enfoque que, a primera vista o a alguna siguiente, tiene que ver con el existencialismo.
Entonces, el motivo de este blog, es el existencialismo, disfrasado de otras demencias.

Amigo lector, se bienvenido a este espacio, donde quiero que además de leerme, me escribas y me dejes leerte a mi; el espacio de comentarios está ahí para que concuerdes o debatas con libertad total. 

Algunas entradas las reconocerás como textos extraños, sin motivo aparente; otras serán cuentos de fácil digestión. Encontrarás cualquier cosa, te lo advierto, este blog no respetará ningún patrón además del tema que ya hemos planteado.

Por último solo queda aclarar que mis intenciones, más allá de hacer públicas mis locuras, tienen que ver únicamente con aprender a escribir.

PD: El título de la entrada es un pequeño guiño a la primera entrada de mi otro blog: http://duloms.blogspot.mx/2011/11/el-primer-paso.html